Talleres

Prensa & Medios

Libros

Contacto

Cómo reducir los sofocos en la menopausia: causas, hábitos y soluciones efectivas

Son las tres de la mañana.

Otra vez despierta, con el pijama empapado y el corazón acelerado. Intentas volver a dormir, pero el calor sube, el cuerpo se agita y la mente no encuentra reposo.

¿Te suena familiar?

Los sofocos son uno de los síntomas más frecuentes, y a la vez más invisibles, de la transición menopáusica. Pueden aparecer durante el día o, más habitualmente, por la noche, interrumpiendo el descanso y afectando tu energía, tu estado de ánimo y tu capacidad de concentración.

La buena noticia es que los sofocos no son algo que debas soportar en silencio. Entender por qué aparecen y qué hábitos pueden ayudarte a reducirlos es el primer paso para recuperar equilibrio y bienestar.

En este artículo exploramos cómo reducir los sofocos en la menopausia, combinando una mirada médica y humana. El contenido está inspirado en una conversación con la Dra. Luciana Bergamaschi, ginecóloga y directora médica de Máxima, el primer centro en España especializado en menopausia. Sus explicaciones, junto con pautas prácticas y estilo de vida saludable, nos ayudan a entender mejor qué está pasando en el cuerpo y cómo acompañarlo con serenidad.

Qué son los sofocos y por qué ocurren

Un sofoco es una subida repentina de calor que puede comenzar en el pecho y extenderse hacia el cuello, la cara o la cabeza. A veces se acompaña de sudoración, palpitaciones, sensación de angustia o escalofríos posteriores, como si el cuerpo no terminara de encontrar su temperatura ideal.

Aunque cada mujer lo vive de una forma distinta, el patrón se repite: calor súbito, sudor, incomodidad y dificultad para descansar, sobre todo durante la noche. Para muchas, este síntoma marca el inicio de la transición menopáusica.

Según explica la Dra. Luciana Bergamaschi,

“En el cerebro existe un centro encargado de mantener estable la temperatura corporal, muy cerca del que regula nuestras hormonas. Cuando los niveles de estrógenos comienzan a fluctuar, esas neuronas se vuelven más sensibles y responden con una sensación de calor exagerada, aunque la temperatura corporal apenas haya cambiado”.

En otras palabras, el cuerpo interpreta pequeñas variaciones hormonales como un “exceso de calor”, y activa su sistema de refrigeración: dilata los vasos sanguíneos y provoca sudoración para compensar.

Ese mecanismo, que en condiciones normales sería imperceptible, se vuelve evidente cuando los estrógenos descienden.

Los sofocos son una respuesta fisiológica, no una enfermedad. Pero cuando se repiten varias veces al día o interrumpen el sueño, su impacto en la calidad de vida puede ser enorme: alteran el descanso, el humor y la concentración.

Y aquí es donde comienza el verdadero enfoque de este artículo: comprender las causas y los factores que los agravan es clave para aprender cómo reducir los sofocos en la menopausia sin resignarse a vivirlos en silencio.

Factores que pueden intensificar los sofocos

Aunque los sofocos son una consecuencia natural de los cambios hormonales, su frecuencia e intensidad no dependen solo de los estrógenos. Hay varios factores que pueden amplificarlos o hacerlos más molestos. Identificarlos es clave para poder actuar sobre ellos.

Estrés y sistema nervioso sobreactivado

Cuando vivimos con tensión o ansiedad constante, el sistema nervioso simpático el que acelera el cuerpo está siempre “en marcha”.

Según la Dra. Luciana Bergamaschi,

“El estrés sostenido favorece la aparición de sofocos o hace que se perciban con más intensidad, porque el cuerpo está en modo alerta”.

Aprender a frenar ese ritmo (a través de respiración, meditación o paseos) ayuda a reducir la frecuencia e intensidad de los sofocos, especialmente los nocturnos.

Alcohol y cafeína

Una copa de vino o un café por la tarde pueden parecer inofensivos, pero estimulan el sistema nervioso y dilatan los vasos sanguíneos, lo que aumenta la sensación de calor.

Reducir el alcohol en la cena y limitar la cafeína (sobre todo después de las 16 h) suele mejorar el descanso y disminuir los sofocos nocturnos.

Falta de sueño y fatiga acumulada

Dormir poco o mal crea un círculo vicioso: los sofocos interrumpen el sueño, y la falta de descanso los hace más frecuentes.

El insomnio no es un síntoma menor. Si los sofocos te despiertan a menudo o impiden que duermas de corrido, es una señal de alerta que merece atención médica y estrategias de apoyo.

Temperatura ambiental y ropa inadecuada

Las habitaciones sobrecalentadas, los tejidos sintéticos o la ropa muy ajustada dificultan la regulación térmica del cuerpo.

Elegir materiales naturales, vestir en capas y mantener la temperatura de la habitación entre 17 y 19 °C puede marcar la diferencia en la intensidad de los episodios.

Peso corporal y distribución de grasa

La obesidad central (acumulación de grasa en abdomen y tronco) reduce la capacidad del cuerpo para disipar el calor.

Aunque no determina por completo los sofocos, mantener un peso saludable mediante una alimentación equilibrada y actividad física regular contribuye a mejorar la termorregulación y el bienestar general.

Alimentación y hábitos cotidianos

Comidas muy copiosas, picantes o con exceso de azúcares refinados pueden provocar una sensación térmica más alta.

Optar por platos ligeros, con vegetales, proteína de calidad y buena hidratación favorece la estabilidad térmica y hormonal

En resumen, muchos de los factores que influyen en los sofocos están ligados al estilo de vida, lo que significa que sí hay margen de acción personal.

Pequeños cambios sostenidos —en el descanso, el estrés, la alimentación y el movimiento— pueden marcar una diferencia real en cómo se viven los síntomas.

Cómo reducir los sofocos en la menopausia

Saber qué los provoca es importante, pero lo realmente transformador es descubrir qué puedes hacer para reducir los sofocos en la menopausia.

La buena noticia es que existen muchas estrategias efectivas, y la mayoría comienzan por algo que está en tus manos: el estilo de vida.

1. Empieza por los cimientos: estilo de vida saludable

La Dra. Bergamaschi lo explica con una metáfora sencilla:

“Tratar los sofocos sin cuidar la base es como poner fertilizante en un césped que no has regado.”

Por eso, antes de pensar en tratamientos o suplementos, lo primero es fortalecer las rutinas básicas:

  • Actividad física regular. Combinar ejercicios de fuerza con caminatas o movimiento diario mejora la circulación, el metabolismo y el equilibrio hormonal.
  • Alimentación equilibrada. Prioriza vegetales, proteínas de calidad y grasas saludables. Evita alcohol, cenas copiosas y alimentos ultraprocesados, especialmente por la noche.
  • Gestión del estrés. Técnicas de respiración, meditación o simplemente pasear en calma ayudan a regular el sistema nervioso y disminuir la intensidad de los sofocos.
  • Sueño reparador. Dormir bien es una prioridad médica, no un lujo. Si los sofocos interrumpen tu descanso, es momento de pedir ayuda profesional.

Estos hábitos no eliminan los sofocos de un día para otro, pero preparan el terreno para que cualquier tratamiento funcione mejor y te ayudan a sentirte más equilibrada.

2. Aliados naturales y técnicas complementarias

Existen terapias no farmacológicas que pueden ofrecer alivio real:

  • Fitoterapia y suplementos naturales. Algunas plantas con efecto estrogénico suave (como la cimicifuga o la soja) pueden ser útiles, siempre bajo supervisión profesional.
  • Acupuntura. Al equilibrar el sistema nervioso, se puede reducir la frecuencia de los sofocos y mejorar el sueño.
  • Frío local y ventilación. Bajar la temperatura ambiental, usar ropa por capas o aplicar frío en manos y pies antes de dormir ayudan a calmar los episodios nocturnos.

3. Cuando buscar apoyo médico

Si los sofocos afectan tu sueño, tu trabajo o tus relaciones, es momento de consultar.

La terapia hormonal es hoy por hoy el tratamiento más eficaz para los sofocos moderados o intensos, y puede adaptarse a las necesidades de cada mujer.

En casos donde no está indicada, existen opciones alternativas seguras y personalizadas.

“Que algo sea natural no significa que tengas que aguantarlo —advierte la Dra. Bergamaschi—.

Que sea común no lo hace normal.”

Consultar con profesionales formados en salud hormonal femenina es fundamental para recibir acompañamiento y soluciones ajustadas a tu realidad.

4. El autocuidado como medicina

Cuidarte no es un acto de vanidad, sino una forma de medicina preventiva.

Reducir los sofocos implica también reconciliarte con tu cuerpo, escucharlo y atender sus señales.

Con pequeños cambios sostenidos —más descanso, menos exigencia, alimentación consciente y movimiento diario—, esta etapa puede vivirse con serenidad y plenitud.

Dormir mejor durante la menopausia

Si hay un síntoma que marca la diferencia entre sobrellevar la menopausia o vivirla con serenidad, es el sueño.

Los sofocos nocturnos pueden fragmentar el descanso y generar un agotamiento que se acumula día tras día. Y, cuando no dormimos bien, todo se desordena: el estado de ánimo, la alimentación, la energía y hasta la capacidad de concentración.

1. Por qué los sofocos afectan el descanso

Durante la noche, el sistema de termorregulación se vuelve más sensible. Una pequeña variación en la temperatura corporal puede activar el sofoco, provocar sudoración y hacer que despiertes sobresaltada.

El resultado es un sueño interrumpido y una sensación de fatiga que se arrastra todo el día.

Cuando esto se repite con frecuencia, no solo se altera el bienestar emocional, sino que aumenta el riesgo de otros desequilibrios, como mayor estrés, dificultad para mantener hábitos saludables o aumento de peso.

2. Claves prácticas para dormir mejor

Reducir los sofocos nocturnos no siempre es inmediato, pero sí posible con ajustes sencillos y constantes:

  • Baja la temperatura de la habitación. Mantenerla entre 17 °C y 19 °C ayuda a evitar los picos de calor.
  • Elige ropa ligera y tejidos naturales. Las fibras transpirables (como algodón o lino) permiten regular mejor la temperatura.
  • Evita alcohol y cenas pesadas. El alcohol y las comidas copiosas aumentan la temperatura corporal y empeoran los sofocos.
  • Crea una rutina relajante. Ducha templada, respiración lenta y una breve desconexión de pantallas antes de dormir.
  • Prueba el frío local. Colocar los pies o las manos en agua fría unos minutos puede reducir la intensidad del sofoco antes de acostarte.
  • Autoafirmaciones positivas. Cambiar el pensamiento “otra noche sin dormir” por “ahora llega mi momento de descansar” ayuda a reducir la ansiedad anticipatoria.

3. Cuándo pedir ayuda

Si los sofocos te despiertan cada noche o llevas semanas sin descansar bien, es momento de consultar con un especialista.

Un abordaje médico puede incluir terapia hormonal, alternativas naturales o tratamientos complementarios adaptados a tu caso.

La falta de sueño mantenida no debe normalizarse. Dormir bien es una forma de salud y una base para atravesar esta etapa con energía, claridad y equilibrio.

Cuidarte también es ciencia

La menopausia no es el final de nada. Es una transición: un proceso natural que marca el inicio de una nueva etapa, más sabia, más consciente y más conectada con tu cuerpo.

Los sofocos pueden ser uno de los síntomas más visibles de este cambio, pero también una oportunidad para detenerte, escuchar lo que tu cuerpo necesita y aprender a cuidarte de otra manera.

Hoy sabemos que hay mucho por hacer: desde los cambios de hábitos más sencillos hasta tratamientos médicos personalizados. Lo importante es no resignarte al malestar ni pensar que tienes que “aguantar”.

Reducir los sofocos en la menopausia no se trata solo de aliviar el calor, sino de recuperar tu bienestar físico, mental y emocional.

De dormir mejor, volver a sentirte cómoda en tu piel y abrazar esta etapa con confianza.

Porque entender lo que te pasa es el primer paso para cuidarte mejor.

Y cuidarte —de verdad, con conocimiento y cariño— también es ciencia. 

Preguntas frecuentes sobre los sofocos en la menopausia

¿Cómo saber si los sofocos son por la menopausia?

Los sofocos relacionados con la menopausia suelen aparecer durante la transición hormonal, es decir, en la perimenopausia o tras la última regla.

Se manifiestan como una sensación repentina de calor que comienza en el pecho y se extiende hacia el cuello y la cara, a veces acompañada de sudoración, palpitaciones o escalofríos posteriores.

Muchas mujeres los notan especialmente por la noche, cuando interrumpen el sueño.

Si este tipo de episodios se repiten y coinciden con cambios en el ciclo menstrual o con la retirada de la menstruación, lo más probable es que estén ligados a la menopausia.

¿Qué se debe hacer para los calores de la menopausia?

Lo primero es cuidar la base del estilo de vida: mantener una alimentación equilibrada, moverse a diario, gestionar el estrés y priorizar el descanso.

También ayudan medidas sencillas como bajar la temperatura de la habitación, usar ropa por capas y tejidos naturales, evitar alcohol y comidas copiosas, y practicar respiración o relajación antes de dormir.

Si los sofocos afectan la calidad de vida —por ejemplo, si impiden dormir o interfieren con el trabajo o las relaciones—, es importante consultar a un especialista, ya que existen tratamientos eficaces, incluida la terapia hormonal, cuando está indicada.

¿Cuánto tiempo suelen durar los sofocos de la menopausia?

La duración de cada sofoco suele ser de unos pocos minutos, aunque su frecuencia varía mucho de una mujer a otra.

Según explicó la Dra. Bergamaschi, algunas mujeres tienen un episodio ocasional, mientras que otras pueden experimentar sofocos cada media hora, tanto de día como de noche.

También pueden aparecer años antes de la última regla (en la perimenopausia) y mantenerse un tiempo después.

Lo que cambia es la intensidad y cómo afectan al bienestar y al descanso.

¿Por qué se producen los sofocos?

Los sofocos se producen porque, al disminuir los niveles de estrógenos, el centro del cerebro que regula la temperatura corporal se vuelve más sensible.

Esa zona está muy cerca de donde se controlan las hormonas, y los cambios hormonales hacen que el cuerpo interprete pequeños aumentos de temperatura como un “exceso de calor”.

Entonces, el organismo reacciona abriendo los vasos sanguíneos y provocando sudoración para enfriarse.

Por eso se siente una ola de calor intensa, a veces seguida de frío o escalofrío: es simplemente el cuerpo intentando equilibrarse.

marta leon

Sobre la Autora:
Marta León

Mi historia comienza en una granja en el Mediterráneo. He escrito 3 libros sobre salud hormonal femenina y llevo más de una década acompañando a mujeres a cuidar sus hormonas desde la alimentación y los cambios de estilo de vida. 

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Tu cuerpo te avisa cuando algo no va bien.
Aprende cómo la alimentación puede cambiar tu vida.

    Marta León es la responsable de tus datos, que serán gestionados también por Mailerlite, quienes me ayudan a enviarte nueva info sobre salud menstrual y alimentación e informarte de mis próximos talleres, charlas o eventos. Podrás ejercer tus derechos escribiendo a hola@martaleon.com y tendremos tus datos solamente por 6 meses, o mientras nuestra relación contractual permanezca activa.

    Pin It on Pinterest

    Share This
    Resumen de privacidad

    Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.