Talleres

Prensa & Medios

Libros

Contacto

Liquen escleroso vulvar: qué es, síntomas y cómo tratarlo en menopausia

La vulva es la gran ignorada de la salud femenina. Se habla de sofocos, de cambios metabólicos, de peso… pero rara vez se habla de lo que ocurre ahí fuera. Y sin embargo, es donde están los síntomas, donde aparece el dolor y el picor que a veces despierta por la noche.

En esta conversación con la doctora Maite Fernández, ginecóloga especializada en ginecología regenerativa y funcional, exploramos todo lo que le pasa a la vulva en la perimenopausia y la menopausia. La doctora Fernández lleva años acompañando a mujeres con una mirada integral que el sistema convencional raramente ofrece, y ella misma se define como «vulvóloga» porque se queda donde la mayoría de los ginecólogos no miran: en la parte de fuera.

Una conversación necesaria sobre una parte del cuerpo femenino que lleva demasiado tiempo fuera de la conversación.

Vulva y vagina: una diferencia clave

Antes de entrar en materia, la doctora Fernández insiste en aclarar algo que parece obvio pero que muchas mujeres todavía no tienen claro: la vulva y la vagina no son lo mismo.

La vulva es la parte de fuera. Todo lo que se ve desde el exterior cuando abrimos las piernas. La vagina, en cambio, es la parte interna, la que solo los ginecólogos pueden ver cuando colocan un espéculo.

Son dos estructuras diferentes, pero funcionan como si fueran hermanas: lo que le pasa a una afecta a la otra. Y aquí está una de las claves que más sorprende: la vulva es la que da los síntomas. La vagina no tiene terminaciones nerviosas de dolor. El escozor, el picor, las molestias… todo eso lo notamos en la vulva. Y sin embargo, la vulva es la que menos se mira, tanto en consulta como en casa.

Qué le pasa a la vulva en la perimenopausia y la menopausia

Cuando los estrógenos empiezan a bajar, ya sea en la perimenopausia o tras la menopausia, la vulva empieza a experimentar cambios que van mucho más allá de lo que solemos escuchar.

La doctora Fernández lo explica con una metáfora muy clara: mientras tenemos ciclo menstrual, el estrógeno actúa como un jardinero que viene cada semana a abonar la tierra, a cuidar las plantas, a mantener el jardín en perfecto estado. Cuando dejamos de tener estrógenos, el jardinero se jubila. Y si no hacemos nada por cuidar ese jardín, la tierra se seca.

¿Qué cambios son los más frecuentes?

La sequedad vulvovaginal

Es el cambio más importante y el más frecuente. La piel de la vulva se vuelve más seca, más fina y más sensible, exactamente igual que la piel del resto del cuerpo. Pero mientras nos acordamos de hidratarnos los brazos o la cara, la vulva queda olvidada.

Al principio, la sequedad se nota principalmente en las relaciones íntimas. Es uno de los síntomas de la menopausia de los que menos se habla, precisamente porque todo lo relacionado con la sexualidad sigue siendo tabú. Pero con el tiempo, si no se trata, puede aparecer escozor y molestias en el día a día, sin necesidad de que haya ninguna relación de por medio.

La lubricación como señal de alerta

Uno de los primeros signos de sequedad vulvovaginal es la disminución de la lubricación. Muchas mujeres recurren al lubricante y dan el tema por resuelto. Pero la doctora Fernández es clara al respecto: usar lubricante es como regar el jardín sin cuidar la tierra. Alivia el síntoma, pero no trata el problema de fondo. Si la tierra se seca, las plantas no crecen. Y si no hacemos nada, el jardín acaba convirtiéndose en un desierto.

Los cambios en los labios externos

Con la edad y la bajada de estrógenos, los labios externos también cambian: pierden grasa y se vuelven más laxos. Son cambios normales, similares a los que experimenta la piel del resto del cuerpo con el paso del tiempo.

Contenido patrocinado

Durante la perimenopausia y la menopausia, los cambios hormonales no solo afectan al sueño. La piel también se vuelve más seca, sensible y reactiva, y ese malestar corporal influye directamente en cómo nos sentimos a lo largo del día y en el nivel de activación con el que llegamos a la noche.

Por eso, incorporar pequeños rituales de autocuidado al final del día puede ayudar a enviar señales de calma al sistema nervioso y facilitar la transición hacia el descanso. El cuidado de la piel no es solo una cuestión estética, también forma parte del bienestar emocional y del equilibrio en esta etapa vital.

Este contenido está patrocinado por Serena Body Oil, el elixir ultra hidratante creado específicamente para acompañar los cambios de la piel en la perimenopausia y la menopausia. Su combinación de aceites nutritivos y sus notas de naranja amarga, lavanda y salvia lo convierten en un ritual sensorial que ayuda a bajar revoluciones y preparar el cuerpo para la noche.

El liquen escleroso vulvar: la enfermedad que se diagnostica tarde

Dentro de los problemas que afectan a la vulva en la menopausia, hay uno que merece una atención especial por su prevalencia y por lo poco que se conoce: el liquen escleroso vulvar.

¿Qué es el liquen escleroso vulvar?

Es una enfermedad autoinmune. Para entenderlo de forma sencilla, la doctora Fernández lo compara con la psoriasis: igual que la psoriasis ataca la piel del resto del cuerpo, el liquen escleroso ataca la vulva. Las propias defensas del organismo generan una respuesta inflamatoria que produce lesiones en la piel de la zona, habitualmente de color blanco, que pican.

Es importante aclarar que el liquen escleroso no se contagia. Es una enfermedad autoinmune, no infecciosa.

¿Cuáles son los síntomas del liquen escleroso vulvar?

El síntoma más frecuente es el picor intenso, especialmente de predominio nocturno. Hay mujeres que se despiertan por la noche rascándose, llegando incluso a hacerse lesiones durante los brotes más intensos.

Sin embargo, y aquí está uno de los mayores problemas para el diagnóstico: hasta un 40% de las mujeres con liquen escleroso no tienen picor. Esto hace que muchas pasen años sin saber que lo tienen. Si no hay picor que lleve a consultar, y la ginecóloga no mira la vulva en la revisión anual, la enfermedad avanza sin que nadie la detecte.

¿Qué ocurre si el liquen escleroso no se trata?

El verdadero problema del liquen escleroso no es el picor en sí, que se puede tratar con cremas de corticoides. El problema son los cambios anatómicos que produce con el tiempo si no se controla:

  • Los labios internos pueden reducirse progresivamente hasta desaparecer
  • El capuchón del clítoris puede pegarse al clítoris, impidiendo ver el glande
  • En los casos más avanzados, puede producirse una estenosis, es decir, un cierre progresivo de la entrada de la vagina

Este último caso es el más grave y también el menos frecuente. Suele ocurrir en mujeres que han llevado mucho tiempo sin diagnóstico ni tratamiento. La doctora Fernández insiste en que un diagnóstico precoz permite mantener la anatomía y la función vulvar en perfectas condiciones.

Una exploración sencilla que todas podemos hacer

La doctora Fernández recomienda algo tan simple como mirar la vulva con regularidad y sacarse fotos para tener un punto de referencia. Y añade un consejo que pocas mujeres conocen: retirar el capuchón del clítoris hacia arriba para comprobar que el glande, una pequeña bolita rosa, es visible. Si no se ve, es motivo para acudir a la ginecóloga.

Cómo se trata el liquen escleroso vulvar

El tratamiento del liquen escleroso vulvar requiere un enfoque integral. La doctora Fernández dedica la primera parte de cada consulta a identificar todos los factores que pueden estar influyendo en la evolución de la enfermedad, porque tratar solo lo local sin atender lo sistémico da resultados más pobres y menos duraderos.

El intestino

El sistema inmunitario se fabrica en gran parte en el intestino. Todo lo que se haga a nivel local, ya sea con tratamientos regenerativos o con cremas, va a funcionar mejor y durante más tiempo si el intestino está en buen estado. La doctora Fernández trabaja con un equipo multidisciplinar que incluye una especialista en salud intestinal, y señala que hay mujeres que mejoran significativamente del liquen solo con cambios en la alimentación.

Las hormonas

La bajada de estrógenos es uno de los factores que más influye en la evolución del liquen. Por eso, cuando no hay estrógenos, ya sea porque se ha llegado a la menopausia o por cualquier otra causa, la terapia hormonal, sistémica o local, es una herramienta importante dentro del tratamiento.

El estrés

Este es, según la doctora Fernández, el factor más determinante y el más ignorado. Existe una conexión directa y matemática entre los picos de estrés emocional y los brotes de liquen. Un disgusto, un cambio vital importante, una época de alta exigencia… cualquier situación que eleve el cortisol puede desencadenar un brote. Sin embargo, el control del estrés sigue siendo algo que normalizamos y postergamos, cuando debería ser una prioridad absoluta en el manejo de la enfermedad.

Los tratamientos regenerativos

Además de los tratamientos clásicos con corticoides, cada vez hay más evidencia sobre la eficacia de las técnicas regenerativas para el liquen escleroso vulvar. Los resultados son muy positivos, especialmente cuando se combinan con un buen estado intestinal, hormonal y emocional.

Liquen escleroso y menopausia: una relación directa

El liquen escleroso no es una enfermedad exclusiva de la menopausia, aunque muchas mujeres se diagnostiquen precisamente en esta etapa. La doctora Fernández es clara al respecto: el liquen empieza antes, pero empeora con la bajada de estrógenos.

Los estrógenos tienen un efecto protector sobre la vulva y sobre el sistema inmunitario en general. Cuando sus niveles caen, las enfermedades autoinmunes, entre ellas el liquen escleroso, tienden a activarse o a agravarse. Por eso tantas mujeres reciben el diagnóstico en la menopausia: no es que la enfermedad haya empezado entonces, sino que los síntomas se han intensificado lo suficiente como para que alguien los detecte.

Algo similar ocurre en otros momentos de caída hormonal. La doctora Fernández señala el postparto y la lactancia como etapas en las que el liquen también puede empeorar, precisamente porque los estrógenos bajan de forma significativa. Durante el embarazo, en cambio, la mayoría de las mujeres con liquen mejoran, ya que el sistema inmunitario se modula de forma natural para proteger al bebé.

Esto tiene una implicación importante: las mujeres jóvenes diagnosticadas con liquen deben saber que la menopausia puede suponer un momento de empeoramiento, y anticiparse con su ginecóloga para manejarlo con tiempo.

Cómo distinguir liquen, sequedad y hongos

Uno de los mayores problemas con el liquen escleroso vulvar es que sus síntomas pueden confundirse fácilmente con otras condiciones muy comunes, como la sequedad vulvovaginal o una infección por hongos. La doctora Fernández explica que hay una clave sencilla para orientarse: la localización del picor.

Sequedad vulvovaginal

La sequedad genera principalmente escozor y molestias generales en la zona. No suele producir un picor intenso que despierte por la noche. Es más un malestar continuo y difuso que un picor agudo.

Infección por hongos

Los hongos producen un picor intenso, pero localizado en la parte más interna, en la entrada de la vagina. Es uno de los síntomas que más se confunde con el liquen, precisamente porque ambos pueden despertar por la noche.

Liquen escleroso vulvar

El liquen produce un picor más externo, localizado principalmente en el capuchón del clítoris y en los labios. Cuando está en brote, puede ser un picor intenso de predominio nocturno que despierta a la mujer y que en los casos más graves llega a producir lesiones por el rascado.

En cualquier caso, la doctora Fernández es clara: si hay dudas, hay que acudir a la ginecóloga y pedirle explícitamente que mire la vulva.

El diagnóstico tardío: por qué el liquen escleroso pasa desapercibido

Una de las realidades más frustrantes del liquen escleroso vulvar es que se diagnostica tarde. Y no porque las mujeres no vayan al ginecólogo, sino porque el sistema falla en un punto muy concreto: nadie mira la vulva.

Las mujeres tenemos el hábito de la revisión ginecológica anual. Vamos, nos hacemos la citología, y nos vamos. Pero en esa revisión, la atención se centra en lo que está dentro. La vulva, que es la parte de fuera, queda ignorada. En consulta, la vulva se aparta para colocar el espéculo, y ahí termina el examen externo.

A esto se suma que, como ya hemos visto, hasta un 40% de las mujeres con liquen no tienen picor. Sin síntomas que lleven a consultar, y sin una revisión que incluya la vulva, la enfermedad puede avanzar durante años produciendo cambios anatómicos sin que nadie lo detecte.

El papel de la divulgación en el diagnóstico

Algo que está cambiando esta realidad es la divulgación. Cada vez más mujeres llegan a consulta con una sospecha ya formada, después de haber visto contenido en redes sociales o escuchado un podcast. Esto no solo acelera el diagnóstico, sino que permite llegar antes, cuando la anatomía todavía está intacta y hay mucho más margen para actuar.

Si tienes cualquier duda sobre tu vulva, pide en tu próxima revisión que la examinen también por fuera. No hace falta esperar a tener síntomas.

Conoce tu vulva: la importancia de mirarse y hacerse fotos

Hay algo que parece obvio pero que casi ninguna mujer hace: mirarse la vulva. No nos enseñan a hacerlo, no forma parte de ningún hábito de salud establecido, y el resultado es que muchas mujeres no saben cómo es su vulva ni cómo era antes de que empezaran a producirse cambios.

Esto tiene una consecuencia práctica muy concreta: cuando llegan a consulta con una sospecha o un diagnóstico, es imposible saber en qué momento empezaron los cambios, si la anatomía fue siempre así o si algo ha variado en los últimos años.

La recomendación es sencilla: mirarse la vulva con regularidad y hacerse fotos. No como un ejercicio estético, sino como una herramienta de salud. Tener un punto de referencia visual permite detectar cambios a tiempo y llegar a la consulta con información útil.

Cómo explorar el glande del clítoris

Hay una exploración muy sencilla que todas podemos hacer y que poca gente conoce: retirar el capuchón del clítoris hacia arriba para comprobar que el glande, una pequeña bolita rosa, es visible. Si se ve, todo está bien. Si no se ve, es motivo para acudir a la ginecóloga.

Una de las manifestaciones del liquen escleroso es precisamente la fimosis del clítoris, es decir, que el capuchón se adhiere al glande impidiendo verlo. Detectarlo a tiempo marca una diferencia importante en el pronóstico.

El impacto del liquen escleroso en la calidad de vida

El liquen escleroso vulvar no es solo una enfermedad de la piel. Cuando no está controlado, afecta de forma profunda a la calidad de vida de las mujeres que lo padecen.

El picor intenso y continuo, el escozor y el ardor pueden llegar a ser invalidantes. Hay mujeres que no pueden estar sentadas durante un tiempo prolongado, que evitan planes sociales por miedo a que aparezca el picor en un momento inoportuno, o que se despiertan varias noches seguidas sin poder descansar. Y todo esto en silencio, porque la vulva sigue siendo un tema tabú que no se comenta ni con las amigas más cercanas.

El liquen y las nuevas parejas

Hay una dimensión emocional del liquen escleroso que pocas veces se aborda: el momento de explicárselo a una nueva pareja. Especialmente en mujeres que no tienen pareja estable, el diagnóstico puede generar una angustia añadida ante la perspectiva de tener que dar explicaciones.

Sin embargo, es importante recordar que el liquen escleroso no se contagia. Es una enfermedad autoinmune, no infecciosa. Y en la mayoría de los casos, salvo que exista una limitación orgánica real, una pareja nueva no va a notar nada. No es necesario explicarlo como si fuera una advertencia, sino como parte natural de la propia historia de salud, igual que cualquier otra condición crónica que se maneja y se controla.

Cuidado vulvar, ropa interior y revisiones

Ropa interior

Una recomendación práctica y sencilla que marca la diferencia en el día a día: optar por ropa interior de algodón. La ropa sintética o con encajes puede irritar la zona vulvar, especialmente cuando hay sensibilidad o alguna condición como el liquen. Para el día a día, el algodón es la mejor opción. Los tejidos más delicados pueden reservarse para ocasiones puntuales.

Serena Body Oil

Este episodio llega de la mano de Serena Body Oil, parte de la gama Serena que hemos desarrollado junto a Lamixtura especialmente para las pieles en perimenopausia y menopausia. Porque en esta etapa, cuidar la piel desde fuera también es una forma de cuidarse.

Frecuencia de revisiones ginecológicas

La frecuencia con la que hay que acudir a revisión depende de si hay o no liquen escleroso diagnosticado. Sin liquen, una revisión anual es suficiente. Con liquen, se recomienda acudir cada seis meses para hacer un seguimiento de la evolución y ajustar el tratamiento si es necesario.

Y en cualquier caso, tanto si hay diagnóstico como si no, pedir explícitamente que examinen la vulva en cada revisión. No dar por hecho que se va a hacer. 

Preguntas frecuentes sobre el liquen escleroso vulvar

¿Qué causa el liquen escleroso vulvar?

El liquen escleroso vulvar es una enfermedad autoinmune, lo que significa que son las propias defensas del organismo las que atacan la piel de la vulva. Entre los factores que pueden activarlo o agravarlo están la bajada de estrógenos, el estado del intestino y el estrés emocional. Por eso es frecuente que se diagnostique o empeore en la menopausia, en el postparto o durante la lactancia, momentos en los que los estrógenos caen de forma significativa.

¿Qué tan grave es el liquen escleroso?

Depende fundamentalmente de si se diagnostica y trata a tiempo. Con un diagnóstico precoz y un seguimiento adecuado, la mayoría de las mujeres pueden mantener su anatomía vulvar intacta y controlar los síntomas. Si avanza sin tratamiento, puede producir cambios anatómicos progresivos como la reducción de los labios internos, la adhesión del capuchón del clítoris o, en los casos más graves, el cierre parcial de la entrada de la vagina.

¿Cómo tratar el liquen escleroso vulvar?

El tratamiento requiere un enfoque integral. A nivel local, los corticoides son el tratamiento clásico para controlar los brotes. Pero para un manejo real de la enfermedad hay que atender también los factores sistémicos: el estado del intestino, el equilibrio hormonal y el control del estrés. Las técnicas regenerativas son una herramienta cada vez más respaldada por la evidencia que complementa los tratamientos convencionales con buenos resultados.

¿Cómo empieza el liquen?

El liquen escleroso puede empezar de forma muy silenciosa. El síntoma más frecuente es el picor, especialmente de noche, pero hasta un 40% de las mujeres que lo tienen no presentan picor. Por eso muchas veces pasa desapercibido durante años. Los primeros signos visibles suelen ser lesiones blanquecinas en la piel de la vulva, aunque sin el hábito de mirarse la vulva con regularidad es muy difícil detectarlos sin una revisión ginecológica que incluya el examen externo.

marta leon

Sobre la Autora:
Marta León

Mi historia comienza en una granja en el Mediterráneo. He escrito 3 libros sobre salud hormonal femenina y llevo más de una década acompañando a mujeres a cuidar sus hormonas desde la alimentación y los cambios de estilo de vida. 

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Tu cuerpo te avisa cuando algo no va bien.
Aprende cómo la alimentación puede cambiar tu vida.

    Marta León es la responsable de tus datos, que serán gestionados también por Mailerlite, quienes me ayudan a enviarte nueva info sobre salud menstrual y alimentación e informarte de mis próximos talleres, charlas o eventos. Podrás ejercer tus derechos escribiendo a hola@martaleon.com y tendremos tus datos solamente por 6 meses, o mientras nuestra relación contractual permanezca activa.

    Pin It on Pinterest

    Share This