Autocuidado hormonal en Navidad: sin culpa, sin excesos y con placer
¿Alguna vez has llegado al 2 de enero sintiéndote hinchada, pesada, con la barriga hecha un desastre, diciéndote a ti misma “nunca más… a partir de este mes de enero, me voy a cuidar más”?
Bueno, en mayor o menor medida, todas hemos estado ahí.
Sucumbiendo a “los excesos navideños”.
Y luego encontrándonos fatal.
Nos han vendido que en Navidad tienes 2 opciones:
o te sientas en esa mesa, comes, brindas, ríes con tu familia… y luego pagas las consecuencias en enero.
O te restringes, dices que no a todo, y te pierdes la celebración sintiéndote la rara de la mesa.
Pero ¿sabes qué? Esto es mentira.
Porque en la salud como en la vida, siempre hay más posibilidades de las que parece.
Y hoy vengo a contarte que existe una tercera opción.
Una donde SÍ puedes estar en esa mesa de Nochebuena.
Brindando. Celebrando. Disfrutando.
Y al mismo tiempo – y esto es lo importante – cuidando tus hormonas, tu microbiota, tu cuerpo.
Sin culpa. Sin restricción.
Y te aviso: hoy no voy a darte la típica lista de tips de cuidados para Navidad.
Hoy vamos a hacer algo completamente diferente.
Algo que espero que cambie tu forma de vivir estas fiestas para siempre.
Lo que tu cuerpo vive en Navidad (aunque no se note por fuera)
Una de las cosas que más me llama la atención en consulta es lo mucho que normalizamos sentirnos mal en Navidad.
Hacemos tantas excepciones, tantas concesiones, tantas mezclas… que nuestro cuerpo, literalmente, no sabe por dónde empezar a procesar. Y lo curioso es que todas lo sabemos, pero nadie lo dice en voz alta.
Te propongo que pienses en esto:
¿vas al baño igual durante las fiestas navideñas que el resto del año?
Yo ya sé la respuesta, porque la he vivido y la escucho una y otra vez: no.
Y no es casualidad.
En Navidad hacemos cosas que, si lo pensamos bien, nunca haríamos el resto del año.
- Comemos hasta no poder más. Bebemos más alcohol del que nos sienta bien.
- Mezclamos dulces con entrantes, grasas con azúcar, champán con licor.
- Trasnochamos como si el cuerpo fuera a recuperarse solo.
- Dormimos mal. Nos olvidamos de respirar.
- Y pasamos horas en espacios cerrados cargados de perfumes sintéticos, ambientadores y velas con ingredientes que alteran nuestro sistema hormonal sin que lo notemos.
Y por si eso fuera poco, sumamos el estrés emocional de estas fechas: los compromisos, las expectativas, la logística, los regalos, las cenas, las tensiones familiares…
Y ese deseo interno —muchas veces no dicho— de que todo salga perfecto.
Todo eso junto, aunque por fuera no se vea, está teniendo un impacto.
Y ese impacto va directo a tu salud hormonal.
No toda vivimos la Navidad igual (y tu fase hormonal tiene mucho que ver)
Hay algo que marca una gran diferencia en cómo vivimos estas fiestas, aunque no siempre seamos conscientes de ello.
Y es el momento hormonal en el que te encuentres.
No somos la misma persona si la Navidad nos pilla ovulando que si estamos en fase premenstrual.
Tampoco si estamos atravesando la perimenopausia o si ya hemos entrado en la menopausia. No es igual tener 25 años que 45. Ni que 55.
Esta diferencia, aunque no se vea desde fuera, se siente.
Y entenderla es clave si quieres disfrutar de verdad… sin pagar el precio después.
Cuando comprendemos cómo nos afecta el ciclo, todo cambia: las decisiones que tomamos, lo que comemos, cómo descansamos, cómo nos relacionamos con los demás… y sobre todo, cómo nos cuidamos.
Por eso, en este artículo quiero ayudarte a hacer dos cosas:
Primero, que comprendas cómo la Navidad afecta a tu cuerpo dependiendo de tu fase del ciclo o tu etapa hormonal.
Y segundo, que tengas un plan realista y práctico que puedas aplicar antes, durante y después de cada celebración.
Nada de sentirte hinchada.
Nada de digestiones horribles.
Nada de llegar a enero arrepentida.
Y sobre todo, nada de restricciones absurdas.
Solo conocimiento.
Y un poco de estrategia hormonal femenina.
Cómo afecta la Navidad según tu etapa hormonal
Antes de compartir contigo el plan de acción que puedes seguir en estas fiestas, quiero que hagamos juntas un pequeño repaso. Porque esto —aunque no se diga en ninguna comida familiar ni en ningún anuncio navideño— puede cambiar por completo cómo te sientes durante estos días.
Tu cuerpo no responde igual el 24 de diciembre si estás ovulando que si estás a punto de menstruar. Y esto, que puede parecer un detalle menor, en realidad lo condiciona todo: desde cómo toleras el alcohol o el azúcar, hasta tu nivel de energía, tus digestiones, tus emociones y, sí, incluso tu paciencia con la familia.
Lo que muchas veces olvidamos es que el cuerpo femenino funciona en fases. No somos lineales. No somos iguales todos los días.
Y si a eso le sumamos el contexto navideño —comidas copiosas, bebidas, estrés, trasnoches, compromisos— entonces la fase del ciclo en la que estés puede marcar una diferencia enorme.
Por eso quiero que sigas leyendo con atención. Porque en cuanto te encuentres —y lo harás— vas a entender muchas cosas que quizá hasta ahora te parecían inexplicables.
Vamos a ver cómo vive la Navidad tu cuerpo, según tu etapa hormonal.
Si estás en edad menstrual (aproximadamente entre los 20 y los 40)
Cuando estás en edad fértil, una de las cosas más importantes que debes recordar es que no eres la misma durante todo tu ciclo.
Y en Navidad, todo lo que sucede a nivel fisiológico se intensifica. Por eso, los excesos típicos de estas fechas —esa comida de más, ese alcohol de más, ese trasnochar— pueden impactarte de forma muy distinta según en qué fase estés.
Fase folicular
Si las fiestas coinciden justo después de la menstruación, estás en fase folicular.
En este momento, los estrógenos empiezan a subir y tu cuerpo suele responder con más energía, mejor humor y una digestión más eficiente.
Tu tolerancia a ciertos excesos mejora, y es probable que te sientas con más margen para disfrutar sin consecuencias inmediatas. Es, por así decirlo, un momento hormonal “amable”.
Ovulación
A mitad del ciclo, si estás ovulando, estás en tu pico de vitalidad.
Es esa etapa en la que muchas mujeres se sienten invencibles: más creativas, más seguras, más radiantes.
Tu metabolismo trabaja con eficiencia, tienes energía disponible, y tu cuerpo puede manejar mejor las comidas más densas o las celebraciones más largas.
Fase lútea (o premenstrual)
Ahora bien, si la Navidad te coincide con la fase lútea, la cosa cambia.
Aquí es donde aparecen los antojos más intensos —sobre todo de dulce—, la sensibilidad digestiva se dispara, y los altibajos emocionales se vuelven más frecuentes.
Tu cuerpo retiene más líquidos, el alcohol te afecta más, y cualquier comida copiosa puede elevar la inflamación, lo que se traduce en más molestias… especialmente si sueles tener reglas dolorosas.
Si este es tu caso, hay dos estrategias que pueden ayudarte mucho: prioriza el magnesio (bisglicinato) y los omega-3. Ambos tienen un efecto directo sobre la inflamación, el estado de ánimo y la regulación hormonal.
Y sobre todo: sé más cuidadosa con el azúcar y el alcohol.
No desde la restricción, sino desde una estrategia consciente. Esto no va de prohibirte nada, sino de jugar a tu favor.
Si estás en perimenopausia (entre los 40 y los 50, más o menos)
La perimenopausia es una etapa de transición.
Y como toda transición, puede ser impredecible, intensa y agotadora.
Hay meses en los que te baja la regla dos veces, otros en los que desaparece sin previo aviso. Tus hormonas suben y bajan como una montaña rusa, y lo que antes te sentaba bien, de repente empieza a pasarte factura.
La Navidad, en este contexto, puede sentirse como un reto añadido.
Cambios digestivos, retención y más sensibilidad al alcohol
Durante esta etapa, las digestiones se vuelven más lentas y pesadas.
Es frecuente sentir más hinchazón, esa sensación de que el pantalón aprieta aunque hayas comido lo mismo de siempre.
Y el alcohol, que antes tolerabas sin problema, ahora te deshidrata más rápidamente… lo que además aumenta la sequedad de mucosas (sí, esa también), afecta tu energía y te deja más vulnerable al malestar general.
El mejor consejo: tardeo en lugar de trasnoche
Una de las mejores decisiones que puedes tomar si estás en esta etapa es priorizar las celebraciones diurnas.
El “tardeo”, que poco a poco va ganando terreno socialmente, es oro para tu salud hormonal.
¿Por qué? Porque durante la noche, tu cuerpo necesita limpiar, reparar, desinflamar.
Tu hígado trabaja en los procesos de detoxificación y eliminación hormonal.
Y si trasnochas demasiado o duermes mal, todo ese sistema se ve interrumpido.
Así que no se trata de no salir o no celebrar.
Se trata de elegir el cuándo.
Y si puedes hacerlo de día, o terminar antes de las mil, tu cuerpo te lo va a agradecer muchísimo.
Si estás en menopausia o postmenopausia (50 en adelante)
Una de las cosas que más escucho de mujeres en esta etapa es:
“Ya no tengo el margen de antes. Antes podía beber una copa de vino y no pasaba nada. Ahora me desvelo, sudo y no vuelvo a dormirme.”
Y es totalmente cierto.
Durante la menopausia, los estrógenos bajan de forma significativa, y con ellos, muchas funciones que antes venían “de serie” ahora requieren atención extra.
Alcohol, azúcar y sus efectos directos
El alcohol y el azúcar —que en otras etapas podían tener un impacto moderado— ahora se sienten de forma mucho más directa.
Esa copa de vino que parece inofensiva durante la cena puede convertirse en sofocos nocturnos, insomnio y cambios de humor.
Lo mismo ocurre con los postres navideños.
Un poco de turrón puede parecer inofensivo, pero si estás con los estrógenos bajitos, los lactobacilos protectores de tu microbiota vaginal también han disminuido.
Y eso aumenta el riesgo de infecciones urinarias, cándidas, picores y molestias íntimas.
Estrés navideño + bajada hormonal = mezcla inflamatoria
A todo esto se suma el estrés invisible pero constante de estas fechas.
La presión de organizar, coordinar, hacer de anfitriona, sonreír, sostener a todo el mundo…
Esa carga emocional, sumada a la falta de descanso y los excesos, multiplica los síntomas.
Qué necesita tu cuerpo en esta etapa
Lo que tu cuerpo más necesita ahora es apoyo digestivo, hidratación real y menos azúcar.
- Fermentados naturales como chucrut, kéfir, miso o kombucha te ayudan a fortalecer la microbiota.
- Hidratación constante durante el día (no solo con agua, también con caldos, infusiones, fruta).
- Y en lugar de eliminar todo, simplemente reducir conscientemente el azúcar y el alcohol.
No se trata de renunciar. Se trata de elegir.
Porque cuando el cuerpo tiene menos margen, el cuidado se vuelve más importante.
Y también más poderoso.
El plan maestro para cuidarte en Navidad (antes, durante y después)
Ahora que ya sabes en qué momento hormonal estás, y entiendes por qué algunas cosas te sientan peor que otras, quiero compartirte un plan que puedes aplicar de forma sencilla y realista.
No necesitas hacer malabares, ni cambiar todo de golpe.
Solo se trata de ajustar algunas pequeñas cosas en tres momentos clave: antes, durante y después de cada celebración.
Porque sí, se puede disfrutar… y cuidarse al mismo tiempo.
Antes de la fiesta: prepara tu cuerpo con intención
Uno de los errores más frecuentes es llegar a una comida o cena navideña en ayunas, pensando que así “compensamos”.
Y lo que ocurre es justo lo contrario: llegamos con más ansiedad, con el azúcar por los suelos, y sin ninguna capacidad de autorregulación.
Empieza por desayunar proteína: un par de huevos, un yogur de cabra con frutos secos, lo que tengas a mano.
Esto estabiliza tu glucosa desde primera hora y te ayuda a llegar a la comida con más equilibrio.
Otra buena idea es tomar un fermentado antes de la celebración: puede ser un poco de chucrut, unas aceitunas (de las buenas), o un sorbo de kombucha.
Así, tu intestino recibe una ayuda extra justo antes del momento más exigente.
Y si tienes vinagre de manzana sin filtrar, puedes añadir una cucharadita en un vaso de agua 15 minutos antes de comer.
Ayuda a activar los jugos gástricos y mejora la digestión.
¿Tienes enzimas digestivas en casa? Llévalas contigo. No es imprescindible, pero pueden marcar una diferencia.
Durante la fiesta: cuida sin restringirte
Aquí es donde más cuesta mantener el equilibrio, porque hay estímulo por todas partes. Pero con tres pequeñas acciones puedes sentir un cambio enorme.
Primero, empieza por algo crudo.
Aunque sea invierno, aunque estés en un restaurante.
Una hoja verde, una zanahoria, una ensalada ligera… cualquier vegetal crudo antes del resto va a ayudarte a regular la respuesta glucémica y a suavizar el impacto de lo que venga después.
Segundo, mastica con calma.
No necesitas contar cuántas veces masticas, solo suelta el cubierto entre bocado y bocado. Este pequeño gesto ralentiza el ritmo y mejora la digestión sin que tengas que pensarlo.
Y tercero, si vas a beber alcohol, alterna con agua.
Un sorbo de vino, un trago de agua. Puedes añadirle unas gotas de limón o tomarla con gas, lo que prefieras.
Esto ayuda a tu hígado a no saturarse, algo fundamental especialmente si estás en fase menstrual, perimenopausia o menopausia.
Y si puedes evitar trasnochar, aún mejor.
No siempre es posible, lo sé. Pero si tienes la opción, elige el “tardeo” en lugar de las madrugadas.
Tu sistema hormonal —y tu energía al día siguiente— te lo agradecerán.
Después de la fiesta: recupera sin castigar
El día después no es momento de culpas ni castigos.
Tu cuerpo necesita recuperación, no penitencia.
Una estrategia sencilla es hacer un ayuno intermitente suave.
No desayunes a la hora de siempre, dale unas horas más al cuerpo para procesar lo que ocurrió la noche anterior.
Eso sí: hidrátate mucho desde que te despiertes. Puedes tomar agua con limón, agua de mar diluida o infusiones digestivas como hinojo, jengibre o manzanilla.
Cuando llegue la hora de comer, opta por algo ligero y reparador.
Un caldo de huesos es ideal, y si le añades una cucharadita de miso, tienes hidratación, minerales y probióticos en una sola taza.
Y no lo olvides: muévete.
Una caminata de 30 minutos, al aire libre, a paso ligero y —si puedes— con algo de sol. La luz solar es antiinflamatoria, y el movimiento suave ayuda a tu cuerpo a volver a su equilibrio.
Disfrutar y cuidarte no son opuestos
Durante años se nos ha hecho creer que para cuidarnos había que decir que no. Que cuidarse era lo contrario a disfrutar. Que o elegías salud o elegías placer.
Y no.
No tiene por qué ser así.
El autocuidado hormonal —sobre todo en estas fechas— no va de renunciar, ni de vivir con miedo a pasarte con el postre o acostarte un poco más tarde.
Va de conocerte, de anticiparte, de tener pequeñas estrategias que te permitan celebrar con más conciencia… y menos consecuencias.
Porque cuando sabes lo que tu cuerpo necesita en cada etapa, puedes tomar decisiones más alineadas contigo, sin culpa ni obsesión.
Y créeme: todo cambia.
El disfrute se amplifica.
La energía se sostiene.
Y tu cuerpo, en lugar de agotarse, responde con más suavidad.
¿Quieres empezar el año con tus hormonas en equilibrio?
He preparado una clase gratuita donde te explico cómo empezar el nuevo año con tus hormonas a punto, sin caer en las dietas restrictivas de siempre ni en exigencias que no puedes sostener.
Un enfoque integrativo, femenino y realista para que este enero sea distinto.
Para que de verdad te sientas bien.
Preguntas frecuentes sobre autocuidado hormonal en Navidad
¿Cómo desintoxicar el cuerpo después de Navidad?
No necesitas hacer ninguna dieta extrema ni pasar hambre para “desintoxicar” tu cuerpo.
Lo que realmente ayuda es darle espacio para recuperarse: hidratarte bien desde primera hora del día, hacer un ayuno suave si lo necesitas, incorporar caldos, fermentados y alimentos ligeros, y moverte, aunque sea con una caminata de 30 minutos.
El hígado y los riñones ya hacen su trabajo de forma natural. Lo que tú puedes hacer es no sobrecargarlos más y darles los nutrientes y el descanso que necesitan para funcionar bien.
¿Cómo cuidarse en las fiestas navideñas?
Cuidarse no significa decir que no a todo ni vivir con miedo a pasarse.
Significa escucharte: saber en qué momento hormonal estás, elegir lo que te sienta bien y disfrutar sin abusar.
Cuidarse también es llegar a una comida sin hambre extrema (porque desayunaste proteína), empezar por algo crudo, masticar sin prisas, beber agua entre copa y copa, y saber cuándo es mejor irse a dormir para priorizar el descanso.
Son gestos pequeños, pero sostenidos, que te permiten disfrutar sin llegar a enero agotada.
¿Cómo cuidar tu salud en Navidad?
Cuidar tu salud en Navidad es entender que no todo diciembre es fiesta.
Elegir con conciencia qué días son especiales, y mantener tu rutina en los demás.
Es darle a tu cuerpo lo que necesita en cada etapa: más descanso si estás en perimenopausia, más regulación si estás en fase lútea, más fermentados si tu digestión está más lenta.
Y sobre todo, es quitar la culpa. Porque se puede brindar, reír, comer con gusto… y seguir cuidándote. Las dos cosas pueden (y deben) ir juntas.
¿Cómo cuidar mi salud mental en Navidad?
Empieza por no exigirte más de la cuenta.
No tienes que ser la anfitriona perfecta, ni tenerlo todo resuelto, ni cumplir con cada compromiso si no te apetece.
La salud mental también se cuida eligiendo mejor las batallas, dejando espacios de descanso real, bajando el ruido y priorizando lo esencial: tu bienestar, tu energía, tu equilibrio.
Decir que no también es autocuidado. Delegar, soltar, simplificar.
No hace falta hacerlo todo. Solo lo que de verdad tenga sentido para ti.

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