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Cansancio en la menopausia: por qué el cortisol importa más de lo que crees

Hay un tipo de cansancio que no se explica con un mal descanso ni con una semana intensa. Es ese agotamiento profundo que aparece en la perimenopausia y la menopausia y que no desaparece aunque duermas, aunque te tomes un fin de semana tranquila, aunque intentes cuidarte. Un cansancio que muchas mujeres normalizan porque creen que forma parte inevitable de esta etapa.

En este artículo recojo la conversación que mantuve con Martha Bolívar, nutricionista, psiconeuroinmunóloga y autora del libro Cortisol, la hormona que lo cambia todo, una obra que lleva meses entre los más vendidos en España, México, Perú y Estados Unidos. Hablamos de una hormona que raramente aparece en las conversaciones sobre menopausia y que, sin embargo, está en el centro de cómo nos sentimos cada día: el cortisol.

La mayoría de los abordajes del cansancio en la menopausia apuntan a la caída de estrógenos como causa principal. Y los estrógenos importan, claro que sí. Pero hay una pieza que casi siempre falta en ese análisis: el estado en el que llega el sistema nervioso a esta etapa, y el papel que el cortisol lleva jugando en nuestro cuerpo durante décadas.

Lo que hablamos con Martha Bolívar no es solo información sobre una hormona. Es una forma diferente de entender por qué algunas mujeres viven esta etapa con más síntomas que otras, y por qué el estrés acumulado a lo largo de la vida tiene un coste fisiológico real que termina pasando factura.

El cortisol no es la hormona del estrés. Es la hormona de la energía

Cuando escuchamos la palabra cortisol, casi todas pensamos lo mismo: estrés, ansiedad, algo que hay que bajar. Llevamos años con esa asociación tan instalada que hemos convertido al cortisol en una hormona temida. Pero Martha Bolívar propone una redefinición que cambia completamente la perspectiva: el cortisol no es la hormona del estrés. Es la hormona de la energía.

Y tiene todo el sentido cuando entiendes lo que hace en el cuerpo. Sin cortisol no tienes energía para afrontar el día. Sin cortisol no puedes concentrarte, no puedes entrenar, no puedes regular la inflamación, no puedes proteger el sistema inmunológico. El cortisol es la molécula que activa tu capacidad de respuesta ante cualquier situación que requiera adaptación, y eso incluye muchas más cosas de las que solemos pensar.

Porque el estrés, como explica Martha Bolívar, también está mal definido. Tendemos a asociarlo únicamente con la presión laboral o los conflictos emocionales, pero el estrés es todo aquello que le pide al cuerpo que se adapte. Un cambio brusco de temperatura es un estresor. Una comida picante es un estresor. Pasar de la calefacción al frío de la calle es un estresor. El cuerpo responde a todos ellos liberando cortisol, porque necesita equilibrar lo que acaba de desequilibrarse.

El problema no es el cortisol en sí. El problema es cuando el eje que lo regula, el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, se desequilibra por una exposición sostenida y acumulada a demasiados estresores durante demasiado tiempo. Ahí es cuando se desencadena una cascada de desequilibrios que llega a la tiroides, a las hormonas sexuales, a la insulina, al metabolismo, a las hormonas del hambre y la saciedad. Como describe Martha Bolívar en su libro: lo cambia todo.

Los primeros 90 minutos del día son la ventana donde el cortisol alcanza su pico máximo. Es el momento de mayor energía y vitalidad, tanto física como cognitiva. El momento ideal para abordar las tareas más exigentes, para entrenar, para resolver lo más complejo. Lo que hacemos con esa ventana importa más de lo que creemos.

Cómo interactúan el cortisol y tus hormonas a lo largo del ciclo

Uno de los aspectos que más me impactó de la conversación con Martha Bolívar es la conexión tan directa que existe entre el cortisol y nuestras hormonas sexuales. No son sistemas independientes. El eje que regula el cortisol y el eje que regula las hormonas reproductivas están profundamente entrelazados, y entender esa relación cambia la forma en que interpretamos muchos síntomas que vivimos a lo largo del ciclo y en la transición a la menopausia.

Durante la fase folicular, los niveles de cortisol basal son más elevados. Y eso tiene una parte positiva que solemos ignorar: es la fase donde tenemos más energía, más foco, más capacidad para el esfuerzo físico e intelectual. Esa claridad mental y esa vitalidad que sentimos después de la menstruación no es casualidad. El cortisol está mediando activamente en esa sensación.

En la fase lútea, en cambio, el cortisol basal desciende. Pero entra en juego la progesterona, que activa el neurotransmisor GABA, el gran regulador del sistema nervioso. El GABA nos aporta calma, nos lleva hacia adentro, reduce la reactividad. Por eso en esta fase el ritmo es más tranquilo, el entrenamiento se siente más pesado y la concentración cuesta más. No es un fallo. Es el cuerpo funcionando exactamente como debe.

El problema aparece cuando no hay ovulación y no se produce progesterona. Sin progesterona no hay activación del GABA, y sin GABA desaparece ese efecto regulador y calmante. El resultado es una mayor hiperreactividad, más sensibilidad al estrés, más síndrome premenstrual, más ansiedad. Un estado en el que cualquier estresor impacta con más fuerza porque no existe ese amortiguador natural.

Y esto es especialmente relevante en la perimenopausia, cuando los ciclos se vuelven irregulares y la producción de progesterona empieza a ser inconsistente. Las mujeres en esta etapa son más vulnerables al desequilibrio del cortisol precisamente porque van perdiendo uno de sus principales reguladores naturales. No es que estén más sensibles porque sí. Es fisiología.

Un ritual para la piel que también cuida tu sistema nervioso

Serena Body Oil y Serena Rescue Mist: formulados para las pieles en perimenopausia y menopausia

Este artículo llega de la mano de la gama Serena, que formulé junto al equipo de Lamixtura especialmente para las pieles en perimenopausia y menopausia. Dos productos que responden a necesidades reales de esta etapa, porque nuestra piel también acusa el impacto del cortisol y del estrés acumulado.

Serena Body Oil: hidratación y calma en un ritual de aromaterapia

Serena Body Oil es el oleolexir ultrahidratante de la gama. Aporta confort, elasticidad y bienestar a una piel que en esta etapa pierde hidratación y capacidad de respuesta. Gracias a sus notas de naranja amarga, lavanda y salvia, su aplicación se convierte en un ritual de aromaterapia que invita al sistema nervioso a bajar la guardia. En una etapa donde entrenar la calma es tan necesario y tan difícil, un momento de cuidado consciente con la piel puede ser también una forma de regulación.

Serena Rescue Mist: alivio inmediato para la piel durante el sofoco

Serena Rescue Mist es la bruma facial ultra-refrescante de la gama, formulada específicamente para aliviar las sensaciones de calor y disconfort asociadas a los sofocos. Y tiene una conexión directa con todo lo que hemos hablado en este artículo: su ingrediente estrella es el Magnesio PCA, un mineral esencial que relaja la piel estresada y que, gracias a su poder activo reductor de histamina, aporta bienestar y confort inmediato.

Completan la fórmula los prebióticos de Abedul, que ayudan a reducir la sensación de calor en la piel, el destilado de flor de Sauco orgánico, antioxidante y calmante, y las células madre de Salvia, que reequilibran la microbiota cutánea y ayudan a reducir la rojez. Una fórmula vegana, eco-certificada, con el 100% de ingredientes de origen natural y apta para todo tipo de pieles, incluidas las sensibles y con tendencia a rosácea.

Por qué el estrés crónico hace más difícil la perimenopausia y la menopausia

Hay una visión muy extendida sobre la menopausia que la reduce casi exclusivamente a un problema de estrógenos. Me faltan estrógenos, me falta progesterona, me falta testosterona. Y aunque las hormonas sexuales importan y mucho, Martha Bolívar señala algo que cambia completamente el enfoque: esa caída hormonal casi siempre es una consecuencia, no el origen.

El origen, en muchas mujeres, está en un sistema nervioso que lleva años en alerta. Evolutivamente tiene todo el sentido: el ser humano tiene dos grandes ejes, el de la supervivencia y el de la reproducción. Y cuando la supervivencia está amenazada, el cuerpo suspende el eje reproductivo. Si hay amenaza, no hay condiciones para reproducirse. Por eso el estrés crónico sostenido en el tiempo termina afectando directamente a las hormonas sexuales, al ciclo menstrual y a cómo se vive la transición menopáusica.

Lo que esto significa en la práctica es que todos los síntomas que aparecen en la perimenopausia y la menopausia, desde los sofocos hasta la ansiedad o el insomnio, son en parte el aviso de un sistema nervioso que lleva demasiado tiempo detectando amenaza. No son únicamente el resultado de la caída de estrógenos. Son también el reflejo de una carga acumulada que el cuerpo ya no puede sostener.Los datos que maneja Martha Bolívar son contundentes: las mujeres que llegan a la perimenopausia con estrés crónico tienen hasta un 20% más de síntomas que aquellas que llegan con una carga menor y con estrategias de regulación del sistema nervioso más desarrolladas. Más sofocos, más insomnio, más ansiedad, más cambios de estado de ánimo. Una diferencia que no tiene que ver con la genética ni con la suerte, sino con la historia de estrés acumulado de cada mujer.

Y aquí aparece algo que como sociedad hemos ignorado casi por completo: no basta con identificar cuánto estrés tenemos. Lo que marca la diferencia es qué hacemos para regularlo. Ese es el eje central de todo este enfoque, y también el que más trabajo nos cuesta porque vivimos en una cultura que entrena el estrés y abandona la calma.

La carga que llevamos: por qué esta etapa es la más estresante de nuestra vida

Si hay una etapa de la vida donde los factores estresantes se acumulan de forma especialmente intensa, esa es precisamente la que coincide con la perimenopausia y la menopausia. No es una percepción subjetiva. Es una realidad fisiológica y vital que Martha Bolívar describe con una claridad que pocas veces he escuchado en una consulta o en una conversación sobre salud femenina.

Pensemos un momento en lo que suele estar pasando en la vida de una mujer entre los 45 y los 55 años. Los hijos, si los hay, están en la adolescencia, que es uno de los momentos relacionales más exigentes de la maternidad. Los padres empiezan a necesitar atención y cuidados. La carrera profesional suele estar en un punto de máxima exigencia o de profunda revisión. La pareja, si la hay, atraviesa también sus propias crisis. Y todo esto convive con una presión social que no da tregua: no envejezcas, no engordes, hazlo todo bien, hazlo todo con energía, hazlo todo con una sonrisa.

A esa carga externa se suma lo que Martha Bolívar señala como la más peligrosa de todas: la autoexigencia. La creencia instalada de que no solo hay que llegar a todo, sino llegar bien y llegar perfecto. Esa exigencia interna que muchas mujeres han llevado consigo durante décadas y que en esta etapa ya no tiene más espacio donde caber.

En fisiología, a esta acumulación de factores estresantes se la llama carga alostática. Y cuando esa carga supera de forma sostenida la capacidad del cuerpo para regularse, el sistema colapsa. No de golpe, no de forma dramática. Lo hace de manera silenciosa, a través de síntomas que normalizamos porque creemos que forman parte de la vida: el cansancio constante, la dificultad para dormir, la irritabilidad, la sensación de no poder más.

El problema no es que tengamos estrés. El estrés forma parte de la vida y siempre lo hará. El problema es que llevamos décadas acumulándolo sin desarrollar una capacidad real de regulación. Y el cuerpo, en la menopausia, presenta la factura de todo ese tiempo.

Cortisol, histamina y sofocos: la conexión que nadie te había explicado

Hay una conexión entre el cortisol, la histamina y los sofocos que rara vez se nombra en las conversaciones sobre menopausia y que Martha Bolívar explica con una precisión que merece detenerse a entender bien. Porque cuando estas tres piezas se juntan, el resultado es un cóctel que amplifica los síntomas de una forma que muchas mujeres viven sin saber por qué.

La histamina es una molécula que la mayoría asocia con las alergias y los antihistamínicos. Pero su papel en el cuerpo va mucho más allá. Las células mast, que son las encargadas de liberar histamina, se activan directamente con el estrés. Esto significa que cada vez que el cuerpo percibe un estresor, sea emocional o físico, hay una liberación de histamina que desencadena una respuesta inflamatoria.

Y los estresores físicos son más numerosos de lo que pensamos. Un cambio brusco de temperatura, una comida picante, una bebida caliente, pasar del calor al frío o del frío al calor. Todos ellos son estresores que activan las células mast y disparan la histamina. Por eso hay mujeres que salen a esquiar y se ponen rojas en cuanto salen del coche. Por eso hay mujeres que con una infusión caliente sienten que les sube el calor. Por eso hay mujeres que con una discusión o un momento de tensión emocional sienten un sofoco inmediato.

En condiciones normales, el cuerpo tiene capacidad para gestionar esa liberación de histamina. Pero cuando la carga alostática ya está desbordada, cuando el sistema digestivo está alterado, cuando hay una alimentación muy procesada, cuando el hígado está sobrecargado o cuando hay un exceso de estrógenos que no se detoxifican correctamente, cualquier pequeño estresor adicional puede ser la gota que colma el vaso.

Esto explica por qué en la perimenopausia y la menopausia la intolerancia a la histamina se dispara con tanta frecuencia. No es que de repente el cuerpo haya cambiado. Es que la capacidad de respuesta se ha ido reduciendo durante años y en esta etapa ya no tiene margen para absorber más. El sofoco, en muchos casos, no es solo una respuesta a la caída de estrógenos. Es también la señal de un sistema que lleva demasiado tiempo sobrecargado.

La curva plana de cortisol: cuando el cuerpo ya no puede más

Hasta ahora hemos hablado del cortisol elevado y de lo que ocurre cuando el cuerpo está en respuesta de estrés sostenida. Pero hay un escenario que Martha Bolívar describe como todavía más silencioso y más limitante: el de la curva plana de cortisol.

En condiciones óptimas, el cortisol sigue un ritmo claro a lo largo del día. Sube durante los primeros 90 minutos de la mañana, alcanza su pico y va descendiendo progresivamente hasta la noche. Ese ritmo es el que nos da energía por la mañana, el que nos permite concentrarnos, el que sostiene nuestra capacidad de respuesta durante el día.

Cuando una mujer llega a la perimenopausia o la menopausia tras años de estrés crónico, ese ritmo puede haberse aplanado por completo. El eje hipotálamo-hipófisis-adrenal ha estado respondiendo a tanto durante tanto tiempo que los receptores de cortisol se vuelven resistentes, de una manera similar a como ocurre con la resistencia a la insulina. El cuerpo produce cortisol pero ya no responde a él con la misma eficacia. El resultado es una curva plana donde no existe ese pico matutino que debería activar el día.

Y el síntoma más característico de este estado es un cansancio muy específico: el agotamiento que no se va aunque se duerma. Mujeres que se despiertan ya fatigadas. Que sienten que por mucho que descansen no llegan a recuperarse. Que arrastran una sensación de pesadez y falta de energía que no responde a ningún ajuste de sueño ni de rutina.

Este perfil de mujer, la que llega a la menopausia con la curva de cortisol ya plana, es la que acumula más síntomas y más intensos. Más sofocos, más insomnio, más ansiedad, más depresión, más cambios de estado de ánimo. No porque tenga mala suerte ni porque su menopausia sea especialmente complicada, sino porque su sistema nervioso llegó a esta etapa sin reservas.

Martha Bolívar también señala algo que merece atención especial: las experiencias adversas en la infancia y el estrés postraumático no resuelto son factores que predisponen directamente a este perfil. Muchas mujeres que a los 50 años sienten que ya no pueden más llevan décadas cargando con una mochila que nunca terminaron de soltar. Y la menopausia, con todos los cambios que trae, es el momento en que esa mochila se vuelve insostenible.

Entrenar la calma: el músculo que más nos cuesta desarrollar

Por qué nos cuesta tanto parar

Vivimos en una cultura que ha entrenado el estrés durante décadas y ha abandonado por completo el entrenamiento de la calma. Y cuando digo entrenamiento no lo digo de forma metafórica. Martha Bolívar lo describe con una imagen que resulta muy reconocible: el músculo del estrés está hipertrofiado. El de la calma, atrofiado.

La paradoja es que cuanto más lo necesitamos, más nos cuesta activarlo. Un minuto en el microondas se hace eterno. Una hora de scroll en el móvil pasa sin que nos demos cuenta. El cerebro, después de años de hiperestimulación, percibe los momentos de quietud como incómodos, como una pérdida de tiempo, como algo que no podemos permitirnos.

La calma como acto fisiológico, no como lujo

Pero regular el sistema nervioso no es un capricho ni una práctica espiritual reservada a quienes tienen tiempo libre. Es un acto fisiológico con consecuencias directas en el cortisol, en las hormonas sexuales, en la inflamación y en cómo se vive la menopausia. Decirle al cerebro que no estamos en peligro es, literalmente, una de las herramientas más potentes que tenemos para modular los síntomas de esta etapa.

Y sin embargo es lo que más pereza nos da. Cinco minutos mirando por la ventana buscando luz natural se sienten como una eternidad. Una clase de yoga se convierte en un ejercicio de impaciencia. Meditar parece imposible. Martha Bolívar lo reconoce desde su propia experiencia: incluso quienes saben perfectamente lo que necesitan tienen que hacer un esfuerzo consciente y sostenido para elegir la calma sobre la acción.

Qué significa regular el sistema nervioso en la práctica

Regularse no implica necesariamente grandes cambios ni rutinas elaboradas. Implica crear momentos donde el cerebro reciba la señal de que no hay amenaza. Eso puede ser la luz natural de la mañana, una infusión sin móvil, un paseo sin auriculares, un momento de quietud antes de empezar el día. Pequeñas interrupciones en el estado de alerta que, acumuladas, van reconstruyendo la capacidad de respuesta que el estrés crónico ha ido erosionando.

La menopausia no es el problema. Es el momento en que el cuerpo nos pide, con más urgencia que nunca, que empecemos a cuidar también esa parte.

Preguntas frecuentes sobre el cansancio en la menopausia

¿Cómo se quita el cansancio en la menopausia?

El cansancio en la menopausia tiene causas múltiples y no siempre responde a una sola solución. Más allá de los ajustes en el sueño o la alimentación, uno de los factores que más influye y que menos se trabaja es el estado del sistema nervioso. Cuando el eje del estrés lleva años sobrecargado, el cuerpo pierde capacidad de recuperación real. Trabajar la regulación del sistema nervioso, reducir la carga alostática y aprender a gestionar el estrés acumulado son parte fundamental de cualquier abordaje del cansancio en esta etapa.

¿Qué tomar en la menopausia para tener más energía?

Antes de pensar en suplementación, merece la pena evaluar el estado del cortisol y del eje del estrés. Una curva de cortisol aplanada por estrés crónico produce un agotamiento que no responde bien a ningún suplemento si no se aborda la causa de fondo. Dicho esto, una alimentación antiinflamatoria, rica en proteína de calidad, grasas saludables y micronutrientes esenciales para las glándulas suprarrenales, es la base desde la que construir cualquier estrategia de recuperación de energía en la menopausia.

¿Qué vitaminas tomar para el cansancio en la menopausia?

El cansancio en la menopausia no siempre responde a un déficit vitamínico, aunque hay micronutrientes que juegan un papel relevante en la función de las glándulas suprarrenales y en la producción de energía celular. Entre ellos destacan la vitamina C, las vitaminas del grupo B, el magnesio y la vitamina D. En cualquier caso, antes de iniciar cualquier suplementación es recomendable valorar con un profesional de salud cuál es el origen real del agotamiento, porque suplementar sin ese análisis previo rara vez resuelve el problema de fondo.

¿Cómo dejar de sentirse tan cansada durante la menopausia?

Una de las claves que más se subestima es la historia de estrés acumulado antes de llegar a la menopausia. Las mujeres que llegan a esta etapa con el sistema nervioso más regulado y con estrategias reales de gestión del estrés tienen hasta un 20% menos de síntomas, incluido el cansancio. Esto no significa que haya que añadir más obligaciones a la vida, sino revisar qué carga se está llevando, qué se puede soltar y qué herramientas de regulación, por pequeñas que sean, se pueden incorporar de forma sostenible.

Conclusión

Si hay algo que me llevo de la conversación con Martha Bolívar es una forma diferente de mirar el cansancio en la menopausia. No como un síntoma inevitable que hay que aguantar, ni como el resultado exclusivo de la caída de estrógenos, sino como la señal de un sistema nervioso que lleva años pidiendo atención y que en esta etapa ya no puede seguir esperando.

Muchas de nosotras llegamos a la perimenopausia y la menopausia habiendo normalizado niveles de estrés y de autoexigencia que, visto desde fuera, resultan imposibles de sostener. Y el cuerpo, que es mucho más sabio que cualquier narrativa cultural sobre lo que debemos ser capaces de hacer, termina poniendo límites de la única manera que sabe: a través de los síntomas.

El cortisol no es el enemigo. Es una hormona que lleva décadas trabajando para mantenernos en pie, para darnos energía, para regular todo lo que necesita regulación. El problema es la acumulación, la falta de descanso real, la ausencia de momentos donde el cerebro reciba la señal de que puede bajar la guardia.

Si algo de lo que has leído hoy te ha resonado, te invito a que te hagas una sola pregunta: ¿qué estoy haciendo para decirle a mi sistema nervioso que está a salvo? No hace falta una respuesta grande. A veces empieza con cinco minutos de luz natural por la mañana, con una infusión sin móvil, con un paseo sin auriculares. Con cualquier cosa que interrumpa, aunque sea brevemente, el estado de alerta en el que llevamos demasiado tiempo instaladas.

marta leon

Sobre la Autora:
Marta León

Mi historia comienza en una granja en el Mediterráneo. He escrito 3 libros sobre salud hormonal femenina y llevo más de una década acompañando a mujeres a cuidar sus hormonas desde la alimentación y los cambios de estilo de vida. 

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