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Cuánta proteína necesita una mujer al día según su ciclo y sus hormonas

Durante mucho tiempo nos han hecho creer que la proteína solo importa si quieres ganar masa muscular o si haces mucho deporte. Pero en la salud femenina, la proteína va mucho más allá. Yo la entiendo como una materia prima imprescindible para que el cuerpo pueda sostener funciones básicas que afectan directamente a cómo nos sentimos cada día.

Necesitamos proteína para fabricar hormonas, neurotransmisores, enzimas digestivas y para mantener estructuras tan importantes como el endometrio, la piel o la barrera intestinal. Por eso, cuando una mujer no consume suficiente proteína, no solo puede notar menos saciedad o más dificultad para mantener su masa muscular. También puede empezar a sentir que su energía cambia, que su ciclo se desordena más fácilmente o que su cuerpo no responde como antes.

Y aquí hay algo importante: no todas necesitamos la misma cantidad de proteína ni en todos los momentos de la vida ocurre lo mismo. El cuerpo femenino no es estático. Cambia con el ciclo menstrual, con la edad, con la actividad física y también con etapas como la búsqueda de embarazo o la perimenopausia. Por eso, cuando me preguntan cuánta proteína necesita una mujer al día, mi respuesta siempre empieza igual: depende de su momento hormonal.

Por qué la proteína es clave en la salud hormonal femenina

Cuando hablamos de proteína, solemos pensar enseguida en músculo. Y sí, por supuesto que la necesitamos para conservar fuerza y masa muscular, pero reducir su papel a eso es quedarse muy corta. En realidad, la proteína participa en procesos esenciales para el equilibrio hormonal femenino.

A partir de los aminoácidos que obtenemos con la alimentación, el cuerpo puede fabricar sustancias tan importantes como neurotransmisores relacionados con el estado de ánimo o compuestos necesarios para sostener la producción hormonal. Además, la proteína también interviene en la reparación de tejidos y en el mantenimiento de estructuras que, en el cuerpo femenino, son especialmente sensibles a los cambios hormonales.

Esto explica por qué una ingesta insuficiente no siempre se manifiesta de la misma manera. A veces se traduce en más hambre o más antojos. Otras veces lo que aparece es una peor recuperación, más debilidad, más irregularidad en el ciclo o una sensación de agotamiento que no encaja con el descanso. No siempre se trata solo de la proteína, por supuesto, pero cuando falta, el cuerpo lo nota.

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Cómo saber si te falta proteína

Hay algo que veo constantemente en consulta: muchas mujeres creen que están comiendo suficiente proteína… pero cuando analizamos su alimentación en detalle, no es así.

No siempre es un problema de cantidad total. A veces es que no se llega, otras veces es que la proteína está mal distribuida a lo largo del día. Desayunos sin proteína, comidas donde la proteína es casi testimonial o cenas muy pobres en este macronutriente.

Y el cuerpo, poco a poco, empieza a dar señales.

No suelen ser señales evidentes ni específicas, y por eso muchas veces pasan desapercibidas o se atribuyen a otras causas. Pero cuando las juntas, empiezan a tener sentido.

Es habitual notar antojos constantes de dulce, especialmente por la tarde o por la noche. También esa sensación de cansancio que no mejora aunque duermas más horas. O levantarte ya con poca energía, como si no hubieras descansado del todo.

A nivel físico, pueden aparecer uñas más frágiles, cabello más débil o una piel que pierde firmeza con más facilidad. También es frecuente notar que cuesta más mantener o ganar masa muscular, incluso aunque estés entrenando.

En mujeres que aún tienen ciclo, pueden aparecer irregularidades, más intensidad en el síndrome premenstrual o cambios de humor más marcados. Y a nivel digestivo, esa sensación de hinchazón o de digestiones pesadas que se repite sin una causa clara.

Cuando identificas varias de estas señales a la vez, es probable que tu cuerpo esté pidiendo más proteína. No es lo único que puede estar ocurriendo, pero sí es una pieza importante que muchas veces se pasa por alto.

Cuánta proteína necesita una mujer según su ciclo menstrual

Cuando hablamos de cuánta proteína necesita una mujer al día, hay algo que para mí es fundamental entender: no necesitamos lo mismo en todas las fases del ciclo.

El cuerpo femenino está en constante cambio. A lo largo del mes, las hormonas suben y bajan, el metabolismo se adapta y las necesidades nutricionales también lo hacen. Por eso, pensar en una cantidad fija de proteína para todos los días no tiene demasiado sentido.

Más que obsesionarnos con gramos exactos, me gusta trabajar con una referencia visual sencilla: el plato.

Fase folicular

La fase folicular comienza con la menstruación y se extiende hasta la ovulación. Es un momento en el que los estrógenos empiezan a subir y el cuerpo está reconstruyendo el endometrio después del sangrado.

Aquí necesitamos proteína, pero el metabolismo todavía está en una especie de modo de construcción progresiva. En este contexto, la proteína puede ocupar aproximadamente un cuarto del plato, o incluso un poco más.

Es una fase en la que no hace falta forzar grandes cantidades, pero sí asegurarse de que está presente de forma regular.

Ovulación

Durante la ovulación, el cuerpo alcanza su pico estrogénico. Es un momento en el que la energía suele estar más alta y el metabolismo está más activo.

Aquí las necesidades aumentan. El cuerpo necesita más proteína para sostener toda esa actividad hormonal. En términos prácticos, la proteína puede ocupar alrededor de un tercio del plato.

Es una fase en la que muchas veces nos sentimos mejor, pero también en la que es importante acompañar esa demanda interna con suficiente materia prima.

Fase lútea

Después de la ovulación entramos en la fase lútea. Aquí la progesterona sube y el cuerpo entra en un modo de preparación y reparación, por si se produjera un embarazo.

La proteína vuelve a ser clave. No solo para sostener la producción hormonal, sino también para mantener la integridad del endometrio y ayudar a gestionar mejor los antojos que suelen aparecer en esta fase.

En este momento, mantener una proporción similar a la de la ovulación, alrededor de un tercio del plato, suele ser una buena referencia.

Menstruación

Durante la menstruación, especialmente en los primeros días de sangrado, el cuerpo está perdiendo hierro. Por eso, aquí la prioridad no es tanto aumentar la cantidad total de proteína, sino prestar atención a su calidad.

Interesa priorizar fuentes de proteína ricas en hierro, que ayuden a compensar esa pérdida y a sostener los niveles de energía.

Mantener la proteína presente en el plato sigue siendo importante, pero el foco cambia: no es tanto cuánto, sino qué tipo de proteína estamos consumiendo.

Cuánta proteína necesita una mujer en cada etapa de su vida

Además del ciclo menstrual, hay otro factor que cambia completamente nuestras necesidades: la etapa vital en la que nos encontramos.

No es lo mismo una mujer que está en edad fértil, que otra que está buscando embarazo, que una que está en perimenopausia o ya en menopausia. El cuerpo cambia, las demandas aumentan o se transforman, y la proteína se vuelve aún más importante en algunos momentos concretos.

Búsqueda de embarazo y embarazo

Cuando una mujer está buscando embarazo, el cuerpo necesita crear las condiciones óptimas para que eso ocurra. Y ahí la proteína juega un papel clave.

No solo hablamos de cubrir necesidades básicas, sino de aportar suficiente materia prima para favorecer una buena calidad ovocitaria, un endometrio receptivo y un equilibrio hormonal adecuado.

En este contexto, más que hablar de gramos exactos, me gusta dar una referencia sencilla: incluir proteína en cada comida principal, en una cantidad aproximada al tamaño de la palma de la mano.

Cuando ya hay embarazo, las necesidades aumentan aún más. Al final, el cuerpo está construyendo un nuevo ser humano, y eso requiere una disponibilidad constante de aminoácidos.

Por eso, además de las comidas principales, puede ser interesante incluir pequeños snacks proteicos a lo largo del día, sin necesidad de que sean grandes cantidades, pero sí suficientes para mantener un aporte sostenido.

Perimenopausia y menopausia

En la perimenopausia y la menopausia, la proteína deja de ser importante… para volverse imprescindible.

En esta etapa, los estrógenos disminuyen de forma progresiva, y eso tiene un impacto directo en la masa muscular. La pérdida de músculo, conocida como sarcopenia, se acelera si no hay un estímulo adecuado, tanto a nivel de ejercicio como de alimentación.

Si no consumimos suficiente proteína, esa pérdida es prácticamente inevitable. Y con ella, llegan otros efectos en cadena: menor fuerza, metabolismo más lento, mayor facilidad para ganar grasa y peor salud ósea y articular.

Por eso, en este momento, es especialmente importante asegurar una cantidad suficiente de proteína en cada comida principal.

Aquí podemos volver a utilizar esa referencia sencilla de la palma de la mano, o incluso pensar en que la proteína ocupe alrededor de un tercio del plato.

Además, en esta etapa cobra especial importancia incluir fuentes que aporten aminoácidos implicados en la síntesis de colágeno, para cuidar los tejidos conectivos y la salud articular.

Por ejemplo:

  • Caldo de huesos casero (en el episodio del colágeno, te comparto mi receta)
  • Pescado azul pequeñito (sardinas, boquerones)
  • Gelatina de calidad
  • Opción vegana: Aunque el colágeno es de origen animal, puedes estimular su síntesis si tomas alimentos ricos en vitamina C, legumbres, semillas de calabaza (que son ricas en zinc y cobre, cofactores del colágeno)

Las 5 fuentes de proteína que no deberían faltar en la alimentación de una mujer

Cuando hablamos de proteína, muchas veces surge la duda de qué alimentos incluir realmente en el día a día. Más allá de complicarnos con suplementos o cálculos exactos, lo más importante es tener una base sólida de alimentos que aporten proteína de calidad.

Hay cinco grupos que para mí son fundamentales y que, si están presentes de forma regular, cubren perfectamente las necesidades del cuerpo en la mayoría de los casos.

Huevos

El huevo es una de las fuentes de proteína más completas que existen. No solo aporta todos los aminoácidos esenciales, sino que además contiene nutrientes clave como la colina, importante para el hígado y el cerebro, o la biotina, relacionada con la salud del cabello y la piel.

Siempre recomiendo consumir el huevo entero, no solo la clara. La yema concentra gran parte de los nutrientes y es precisamente lo que hace que el huevo sea un alimento tan interesante a nivel hormonal.

Es un alimento muy versátil, fácil de incluir en cualquier comida del día y una forma sencilla de asegurar proteína sin complicarse.

Si no consumes huevo, una alternativa vegetal puede ser el tofu, que también aporta proteína completa y calcio.

Pescado azul pequeño

El pescado azul pequeño, como las sardinas, los boquerones o la caballa, es una opción especialmente interesante porque no solo aporta proteína, sino también omega-3, con un efecto antiinflamatorio muy relevante.

Además, al tratarse de peces pequeños, suelen acumular menos tóxicos que otros pescados más grandes. En muchos casos también aportan vitamina D y, si se consumen con espina, una buena cantidad de calcio.

Se pueden incluir en conserva o frescos, y son una opción muy práctica para el día a día.

Como alternativa vegetal, se puede recurrir al tempeh y complementar con semillas de chía o lino para aportar omega-3.

Legumbres

Las legumbres son una base fundamental en la alimentación. Aportan proteína, pero también fibra prebiótica, hierro, ácido fólico y compuestos con actividad estrogénica suave, que pueden ser interesantes en el contexto hormonal.

Bien cocinadas y preparadas, son una opción muy completa y saciante. Se pueden consumir en guisos, ensaladas, cremas o en preparaciones como el hummus.

En el caso de seguir una alimentación vegetal, es recomendable combinarlas con cereales integrales para asegurar un perfil completo de aminoácidos.

Carne de ave

El pollo y el pavo son fuentes de proteína magra que aportan también vitaminas del grupo B, hierro y zinc.

Siempre que sea posible, es preferible optar por carne de buena calidad, idealmente de animales criados en condiciones más naturales.

Son alimentos fáciles de cocinar y de incorporar en diferentes platos, lo que facilita mantener una ingesta adecuada de proteína sin esfuerzo.

Como alternativa vegetal, el seitán puede ser una opción, aunque es importante tener en cuenta que es una proteína derivada del gluten y no es adecuada en casos de sensibilidad o intolerancia.

Yogur o kéfir

El yogur natural y el kéfir son alimentos muy interesantes porque combinan proteína con probióticos, lo que contribuye al equilibrio de la microbiota intestinal.

Es importante elegir versiones naturales, sin azúcares añadidos ni sabores, para beneficiarse realmente de sus propiedades.

Además, se pueden enriquecer fácilmente con semillas como chía, lino o cáñamo, aumentando así su aporte proteico.

En el caso de no consumir lácteos, existen alternativas como los yogures vegetales, siempre que sean de calidad y contengan cultivos activos.

Cuánta proteína necesita una mujer sin obsesionarse con los gramos

Cuando hablamos de proteína, es muy habitual entrar en el terreno de los números: gramos por kilo de peso, cálculos, tablas… y aunque todo eso puede tener su utilidad, en la práctica no siempre es necesario ni sostenible.

A mí me gusta simplificarlo y llevarlo a algo más visual y fácil de aplicar en el día a día.

Una referencia que funciona muy bien es utilizar la mano como guía. Pensar en una porción de proteína del tamaño y el grosor de la palma de tu mano en cada comida principal. Desayuno, comida y cena.

No es un método exacto, pero sí es suficiente para la mayoría de mujeres. Y sobre todo, es mucho más fácil de mantener en el tiempo.

Además, en momentos donde las necesidades aumentan, como en la menopausia o cuando hay un nivel de actividad física más alto, puede ser interesante prestar un poco más de atención y asegurarse de que esa proteína está bien presente en el plato.

El objetivo no es medirlo todo, sino asegurarse de que el cuerpo recibe lo que necesita de forma constante.

Conclusión

La proteína no es solo una cuestión de cantidad, sino de contexto.

El cuerpo femenino cambia a lo largo del ciclo, cambia con la edad y cambia con cada etapa vital. Y con esos cambios, también lo hacen sus necesidades.

Entender cuánta proteína necesita una mujer al día no pasa por encontrar un número exacto, sino por aprender a escuchar el cuerpo y adaptarse a cada momento.

Cuando esto se tiene en cuenta, muchas cosas empiezan a cambiar: la energía se estabiliza, los antojos disminuyen, el ciclo se vuelve más regular y el cuerpo responde mejor.

Porque, al final, no se trata de comer más o menos, sino de darle al cuerpo lo que realmente necesita.

Preguntas frecuentes sobre cuánta proteína necesita una mujer al día

¿Cuántos gramos de proteína debo consumir al día si soy mujer?

Cuando me hacen esta pregunta, suelo evitar dar una cifra cerrada. No porque no exista, sino porque en la práctica no siempre es lo más útil.

Las necesidades de proteína no son iguales para todas las mujeres. Dependen del peso, del nivel de actividad física, del momento del ciclo menstrual y de la etapa vital en la que se encuentre cada una.

Por eso, en lugar de centrarme en gramos exactos, prefiero utilizar una referencia más sencilla y fácil de aplicar: incluir una porción de proteína del tamaño de la palma de la mano en cada comida principal.

A partir de ahí, se puede ajustar en función de si estás en una fase del ciclo donde necesitas más, si estás embarazada o si estás en perimenopausia o menopausia, donde las necesidades aumentan.

¿Es buena la proteína para los riñones?

En personas sanas, consumir proteína dentro de una alimentación equilibrada no supone un problema para los riñones.

El cuerpo está preparado para gestionar la proteína de la dieta sin dificultad. El problema no es la proteína en sí, sino el contexto en el que se consume.

Si existe una patología renal diagnosticada, entonces sí es necesario adaptar la cantidad y el tipo de proteína bajo supervisión profesional.

Pero en una mujer sin problemas renales, incluir proteína de calidad en cada comida no solo es seguro, sino necesario para sostener funciones clave del organismo, especialmente a nivel hormonal, muscular y metabólico.

¿La proteína es buena para el colesterol?

La proteína, por sí misma, no es el problema cuando hablamos de colesterol. De hecho, muchas fuentes de proteína pueden formar parte de una alimentación que favorezca un buen perfil lipídico.

Alimentos como el pescado azul pequeño aportan omega-3, que tiene un efecto antiinflamatorio. Las legumbres aportan fibra, que ayuda a regular el colesterol. Y otros alimentos como el yogur o el kéfir contribuyen a la salud de la microbiota, que también influye en el metabolismo lipídico.

Por eso, más que centrarse en si la proteína es buena o mala para el colesterol, lo importante es el conjunto de la alimentación y la calidad de las fuentes que se eligen.

marta leon

Sobre la Autora:
Marta León

Mi historia comienza en una granja en el Mediterráneo. He escrito 3 libros sobre salud hormonal femenina y llevo más de una década acompañando a mujeres a cuidar sus hormonas desde la alimentación y los cambios de estilo de vida. 

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